Nueva publicación

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Tres artículos: Medio ambiente y conflicto armado; Editoriales sobre el proceso de paz con las Farc; y Acción colectiva y asentamientos en Cali. Memorias, 2018.

Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018

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2 asentamientos: Los Samanes del Cauca y Navarro, ubicados en el jarillón del río Cauca.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.
Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

viernes, 24 de mayo de 2019

PERIODISMO: ¿PARA LA PAZ O PARA LA GUERRA?


Por Germán Ayala Osorio, comunicador social-periodista y politólogo

Por aquellos días en los que el Congreso de los Estados Unidos aprobó el Plan Colombia en medio de un fuerte lobby de empresas fabricantes de helicópteros Black Hawk, el analista político Fernando Cepeda Ulloa decía con vehemencia: si usted quiere conocer qué pasa realmente en el país, debe leer la prensa internacional, en particular, el New York Times (NYT).

Hoy más que nunca  esa sentencia cobra sentido y encuentra asidero si se examina el trabajo que la Gran Prensa colombiana viene cumpliendo en beneficio de la imagen y la gobernabilidad del gobierno de Iván Duque. Y para lograr ese cometido político de salvaguardar la imagen de un gobierno que no solo opera con bajos niveles de gobernabilidad, sino que de manera directa está haciendo trizas[1] el Acuerdo Final II, esa prensa afecta al círculo de poder económico, militar y político que acompaña al Jefe de Estado, prefiere callar  y autocensurarse para mantener de esa forma “buenas relaciones con el Gobierno”.

Y si resulta cierta la decisión política y editorial que parece que adoptó la revista Semana de “engavetar[2]” un informe periodístico que iba en la misma dirección del que publicó el influyente NYT, entonces lo dicho por Cepeda Ulloa se eleva al estatus de una incontrastable verdad que deja por el piso el profesionalismo del periodismo colombiano, en particular el de aquellos medios y periodistas que optaron por acompañar, sin mayor crítica, al actual gobierno colombiano (2018-2022).  

Olvidan los periodistas incorporados que el periodismo està para controlar al poder y para incomodar a todos aquellos que lo ostentan. Ejercer de otra forma el oficio màs bello del mundo como lo llamò Gabo, acerca a los periodistas al rol de estafetas, mandaderos y amanuenses. 

Huelga recordar que el informe publicado por el NYT[3] gira en torno a una directiva del actual comandante del Ejército Nacional, General Nicacio de Jesús Martínez Espinel, que podría incentivar a la tropa a producir más y mejores resultados, matando civiles, tal y como sucedió con los llamados “Falsos Positivos[4]”, durante la administración de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010). Hay que indicar que Martínez[5] Espinel es señalado por Human Rights Watch (HRW) de ser responsable de  falsos positivos.

Los efectos políticos que generó el informe periodístico, a cargo del periodista Nicholas Casey[6] no se hicieron esperar. El Canciller colombiano, la Senadora del partido de Gobierno, María Fernanda Cabal y el gobierno mismo de Iván Duque, reaccionaron inmediatamente. Las reacciones de estos agentes de poder fueron no solo desobligantes, sino que venían cargadas de un peligroso ánimo de desconocer el papel fundamental que en escenarios democráticos debe jugar la prensa. 

En particular, lo expresado por la congresista Cabal bien podría rayar con la calumnia y la injuria al sugerir que el informe que escribió el periodista Casey estaba motivado por el pago de dinero. Ante tal despropósito, el senador demócrata, Patrick Leahy[7] conminó al gobierno para que le exigiera a la senadora Cabal que entregara las pruebas que sustentaban su señalamiento. Posteriormente, la congresista colombiana le contesta al político americano, sin que en su misiva haya la menor intención de retractarse por lo señalado y por el contrario, sale en defensa a ultranza de las fuerzas militares, y en particular del Ejército colombiano al que la congresista del Centro Democrático (CD) considera como “una fuerza letal que entra a matar”[8].

Entre tanto, a la carta que dirigió al diario americano el Canciller Carlos Holmes Trujillo, el editor ejecutivo del NYT, Dean Baquet contestó: “No tenemos una agenda política ni nos interesa promover la ideología de ninguno de los lados involucrados en el conflicto en Colombia, ni en ningún otro país[9].

En la misiva, firmada por Holmes Trujillo y el ministro de la Defensa, Guillermo Botero, se critica el sentido del informe periodístico, porquemuestra una visión tendenciosa, parcial y distorsionada de los esfuerzos que el Estado colombiano y su Ejército hacen para estabilizar los territorios y consolidar el orden y la seguridad, como también para proteger a la población y los derechos y las libertades”.

Lo curioso es que después de publicado el señalado texto periodístico, el propio comandante del Ejército anunció que eliminaría los formatos (formularios)[10] con los que se consignaban los compromisos y las metas operacionales (producir bajas) que debían asumir los comandantes de brigada, de batallón y grupos específicos de combate como las fuerzas Fudra (Fuerzas de Despliegue Rápido). Ahora bien, la preocupación por el regreso de los falsos positivos no se supera con la eliminación de unos formatos, sino del retiro o cambio real en las orientaciones del comandante del Ejército a sus subalternos. 

Es decir, lo que se tiene que garantizar es que el sentido y los sinuosos propósitos de decretos y directrices ministeriales como el Boina y el 029 de 2005 no  vuelvan a orientar las acciones y las operaciones que las fuerzas militares deben cumplir para enfrentar a lo que estas mismas llaman Grupos Armados Organizados (GAO).

Al tiempo que se anunciaba el cambio en la orientación de la tropa, al interior del Ejército se inició una especie de “cacería de brujas” que tenía como objetivo identificar a los altos oficiales que dieron sus testimonios al periodista Nicholas Casey, y con los cuales el redactor pudo escribir el señalado informe.  

El agrio enfrentamiento con el acreditado medio internacional motivó que el mismo diario dedicara su editorial a las acciones políticas, jurídicas y administrativas emprendidas por el gobierno de Iván Duque que claramente van en contravía de la construcción de una paz estable y duradera. En este sentido se manifestó el NYT: “El actual presidente, Iván Duque, y sus aliados de derecha sabotearon el progreso pacífico bajo el pacto [para lograr la Paz], en el cual el gobierno debía trabajar [actualmente] con los rebeldes para reemplazar la producción de coca con otros cultivos. Ha recortado los fondos para esa iniciativa, y el año pasado las tierras utilizadas para la producción de coca alcanzaron un nuevo nivel, mientras que los paramilitares y las bandas criminales, también atraídas por los beneficios de la cocaína, dominan las regiones donde las FARC alguna vez dominaron”[11].

Estamos, pues, ante un claro enfrentamiento entre el Gobierno de Duque, con el New York Times (NYT), que tiene como antecedente otro editorial[12], en 2016, en el que indicaba que Uribe Vélez fungía como un obstáculo para la paz de Colombia.

En lo que corresponde al ejercicio periodístico en Colombia, queda claro que medios[13] como EL TIEMPO y la revista Semana, y los diarios regionales de Colombia, están informando más para cuidar las relaciones políticas con el gobierno de Duque, que para entregarle a las audiencias en Colombia información veraz y oportuna tal y como està consignado en la Carta Política de 1991. 

Con lo acontecido por estos días con el NYT, las reacciones que produjo el ya señalado informe periodístico, la auto censura de la revista Semana y en general el prudente silencio que la Gran Prensa colombiana viene guardando en torno a un Gobierno que quiere a toda costa hacer trizas el Acuerdo Final II,   queda claro que Cepeda Ulloa tenía razón.

En adelante, entonces, la Oposición colombiana y los defensores de la paz tendrán que acudir al NYT para poder que este diario informe a los colombianos ante el evidente silencio de la prensa colombiana que no solo le está dando la espalda a la construcción de una paz estable y duradera, sino que está coadyuvando a que el Centro Democrático cumpla con el objetivo de hacer trizas ese maldito papel que llaman el Acuerdo Final[14].

En la tarde del 24 de mayo de 2019 el Gobierno de Duque anuncia la creación de una Comisión para la Excelencia Militar con el fin de evaluar las operaciones de los militares. Este anuncio del presidente es una respuesta propia de su gobierno. Ya el país està acostumbrado a declaraciones en el exterior que indican el "indeclinable compromiso de su gobierno para cumplir con lo pactado en La Habana", pero sabemos que al interior del país el proceso de implementaciòn avanza lentamente y con una enorme tendencia a que  fracase. Es posible, entonces, que la anunciada Comisión termine siendo un "saludo a la bandera" y sirviendo solo de contentillo ante las presiones internacionales que ya se sienten después de que el NYT publicara el informe periodístico y el editorial. 

La anunciada reunión entre el Canciller colombiano, Carlos Holmes Trujillo y el equipo editorial del NYT confirma no solo la preocupación del gobierno de Duque por la mala imagen que proyecta en Estados Unidos y Europa por querer hacer trizas el Acuerdo de Paz, sino la errada política internacional y sus fallas en el manejo de la diplomacia. Resulta por lo menos inconcebible que un Canciller vaya a dar explicaciones a un comité editorial de un diario sobre lo que, según el gobierno, acontece en Colombia. 

Al final, es importante que los periodistas colombianos se pregunten si el oficio periodístico està para defender la paz o para aupar la guerra. Esa es, hoy, la cuestión. Y a juzgar por lo visto hasta el momento, las empresas mediáticas colombianas, en su mayoría, le están apostando al retorno de la guerra. 




Imagen tomada de Semana.com


[6] Abandonó el país por amenazas.
[13] A los que se suman medios radiales y televisivos como RCN y Caracol. Véase: https://www.laorejaroja.com/la-prensa-y-la-crisis-institucional/

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