Nueva publicación

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Tres artículos: Medio ambiente y conflicto armado; Editoriales sobre el proceso de paz con las Farc; y Acción colectiva y asentamientos en Cali. Memorias, 2018.

Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018

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2 asentamientos: Los Samanes del Cauca y Navarro, ubicados en el jarillón del río Cauca.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.
Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

lunes, 26 de marzo de 2018

DUQUE, CHÀVEZ, URIBE, MADURO Y PETRO


Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Con la irrupción de las redes sociales como dispositivos para “engañar, desinformar y generar estados de opinión fundados en el miedo”, la elección presidencial del próximo 27 de mayo en Colombia se torna compleja no solo por lo que está en juego en términos del ejercicio del poder político, sino porque subsiste una población que, por sus altos niveles de ignorancia y pobreza cultural, resulta proclive o susceptible a ser engañada. Por lo anterior, resulta clave tratar de hacer claridad en torno a asuntos y hechos que se vienen exponiendo en la actual coyuntura política y electoral que vive el país.

Quiero hacer referencia al miedo a que Colombia se convierta en otra Venezuela, ante un posible gobierno de Gustavo Francisco Petro[1] Urrego. La aprensión social está asociada, inexorablemente, a las ideas de Izquierda, al socialismo[2] como sistema político y económico y a la quimera del comunismo.

Para mayor claridad, lo que hay en práctica en el vecino país es una suerte de estatismo, realidad política distante de lo que es realmente un modelo socialista, tal y como lo concibe, por ejemplo, el ex presidente del Uruguay, y ex guerrillero, Pepe Mujica[3]. Eso sì, ese modelo venezolano está bastante lejos del régimen ecuatoriano que lideró el presidente Rafael Correa. Y aquí en este punto vale la pena señalar que la Derecha colombiana, con el concurso de la Gran Prensa y el uso ideologizado de las redes sociales, hábilmente crea el fantasma de la venezolanizaciòn de Colombia, al tiempo que oculta los avances que en materia de infraestructura vial y manejo macro económico logró el gobierno socialista (¿progresista?) de Rafael Vicente Correa Delgado. Por eso, quizás, nadie se atreva a pensar y proponer que subsiste el riesgo de la “ecuatorizaciòn de Colombia”.

Y como se trata de enfrentar a un fantasma que parece que realmente  asusta, en especial a los más ignorantes, bien vale la pena señalar  que la Izquierda colombiana es torpe y a la propia campaña de Petro le falta una dosis de perspicacia, por no enfrentar los miedos que genera la derecha con el llamado “Castrochavismo”[4], destacando los avances y los logros alcanzados por el Ecuador en los últimos años, a pesar de que insistió, el gobierno de Correa, con prácticas asociadas a la extracción de petróleo, a las que claramente se opone el candidato Petro Urrego.

En otro punto, la Derecha[5] y su numeroso “ejército” de indoctos y desinformados, asocian a Petro con el comandante Chávez y con su sucesor, Nicolás Maduro Moros. En este punto hay que señalar que Hugo Rafael Chávez[6] Frías fue una suerte de militar populista que buscó reivindicar la vida de millones de venezolanos pobres y miserables que la Derecha económica, social y política venezolana invisibilizó por más de 50 años. Pero comparar a Petro con el talante autoritario del Coronel golpista es un apreciable error conceptual por el origen castrense del primero. Que Petro se haya levantado en armas contra el Estado colombiano bien podría acercarlo, por esa condición, a la vida que llevó Pepe Mujica en los convulsionados años 60; eso sì, hay que guardar las proporciones en cuanto al enorme ego que exhibe el ex alcalde bogotano, frente a la sencillez y al tono reposado del uruguayo. Lo que no se puede negar es que Petro comparte el mismo talante mesiánico con el que actuaba Chávez Frías. Y mucho menos podemos olvidar es que Gustavo Petro, una vez reincorporado, ha actuado dentro de la institucionalidad y jugado dentro de las reglas de la democracia. 

Quienes fustigan o temen a ese modo de concebir el poder popular y el papel del Estado, deben saber y reconocer que líderes mesiánicos existen tanto en la izquierda como en la derecha. De allí que Uribe Vélez sea reconocido como un Mesías de derecha que claramente no buscó, entre 2002 y 2010, reivindicar a los más desposeídos, pobres y miserables colombianos que superan los 15 millones que viven en esa Colombia rural profunda que se acostumbró a que grupos armados ilegales ejercieran la autoridad y fueran el “Estado” en sus territorios. No. Por el contrario, en sus ocho años de gobierno- que pudieron ser 12 si la Corte Constitucional no se lo impide- solo buscó beneficiar a los grandes ricos, a las multinacionales y por supuesto, ampliar su riqueza[7] y sus dominios territoriales en su calidad de ganadero, caballista y latifundista. Realmente, los daños[8] que Uribe Vélez le hizo al país, a la institucionalidad y al Estado social de derecho y a la democracia, en sus ocho aciagos años de mandato, lo acercan más al talante y a los gobiernos de Chávez y Maduro. Por lo anterior, el ex presidente y reelecto senador es el mejor exponente de un gobierno autoritario, de mano dura, que desdice de la democracia y del equilibrio de poderes, tal y como sucede tanto en Venezuela como en la Cuba de los Castro.

Se trae a colación al ex presidente antioqueño (2002- 2010) porque existe la enorme posibilidad de que pueda regresar al poder presidencial, esta vez en el cuerpo de su ungido, Iván Duque Márquez. Y los temores de que ello suceda no son infundados, si tenemos en cuenta lo dicho y lo no dicho por su candidato en varios escenarios. Recientemente, en un foro-debate en la universidad de Columbia, en NY, el elegido por Uribe y sus seguidores, señaló que es partidario de acabar con las Altas Cortes, para crear solo una.

La pretensión de Duque Márquez lo acerca no solo al talante poco democrático de su mentor[9] y a su incansable búsqueda de concentrar el poder en sus manos, debilitando el estado social de derecho y el equilibrio de poderes, sino al carácter autoritario de Hugo Chávez Frías y su sucesor, Nicolás Maduro[10].

El asunto y la propuesta de reducir el número de Cortes tiene como trasfondo dos hechos claros: el primero, que fue la Corte Constitucional, con ponencia negativa del entonces magistrado Humberto Sierra Porto, la instancia que impidió que Uribe[11] se reeligiera por segunda vez consecutiva y alcanzara su tercer periodo como presidente, afectando el equilibrio democrático y reduciendo el funcionamiento del Estado a su carácter autárquico. Y el segundo hecho, tiene que ver con la Corte Suprema de Justicia[12], cuyos magistrados fueron “chuzados” por agentes del DAS, entidad que Uribe la manejó como su policía política para perseguir a sus críticos, periodistas, magistrados y académicos. Recientemente, en esa misma corporación se ordenó investigar las actuaciones de Uribe en las masacres del Aro y la Granja.

Así entonces, la propuesta de Duque se sostiene en una vieja aspiración de Uribe Vélez de cerrar o acabar con las altas Cortes, en especial, con aquellas cuyos magistrados han tenido la entereza ética de enfrentarlo jurídicamente y tratar de esclarecer los hechos que varios miembros de las AUC han denunciado y que vinculan al hoy senador de la República con fuerzas paramilitares.

Y frente al trino del propietario del Centro Democrático en el que claramente amenazó a las directivas del Noticiero Noticias Uno, de revisar la concesión estatal de la que goza el informativo en un eventual gobierno de su ungido, el candidato presidencial no solo se muestra incapaz de interpelar a Uribe y de rechazar lo que sería una abierta censura a un medio de comunicación, sino que su disposición de respetar la libertad de prensa no suena creíble.  

En este punto, entonces, tanto Uribe, como Duque, se acercan más al talante autoritario de Chávez Frías, especialmente en el caso del cierre de RCTV[13] y de otros medios. Un caso similar sucedió con el gobierno de Correa, quien de muchas maneras se enfrentó a la Prensa afecta al viejo régimen que él logró vencer en las urnas y someter a su modelo político y económico. Y en este punto no nos podemos equivocar. Tanto en los regímenes de derecha e izquierda, la libertad de prensa es una utopía. En ambos casos, podemos hablar de “periodistas incorporados” que juegan a favor del régimen político vigente. No hay realmente periodismo libre. Otro asunto es que subsistan medios alternativos, que intentan sobrevivir en medio de un ejercicio periodístico que informa de la mano del Poder político y económico.

Explotar la paz en dos sentidos

La derecha y la ultraderecha buscarán explotar el fin del conflicto armado interno que logró el presidente Santos con las Farc, a pesar de las disidencias que ya alcanzan los 1.200 miembros. Y lo harán en dos perspectivas: la primera, en el orden de lo económico[14], llevando actividades extractivas a los territorios que las Farc-ep abandonaron. Es decir, Uribe-Duque o Duque-Uribe buscarán, con el concurso de Vargas Lleras, hacerse con esos territorios para extender su modelo extractivo y acentuar la especialización agrícola por la vía de los monocultivos de caña de azúcar y palma africana, entre otros, para la producción de agro combustibles. Ya llegaron sus amigos industriales, empresarios y banqueros a la altillanura. Y la segunda perspectiva, en el orden de lo político, poniendo las curules alcanzadas el pasado 11 de marzo, para hacer trizas el Acuerdo Final, o por lo menos, para torpedear el ya difícil y lento proceso de implementación.

Ante este panorama, se espera que los países que acompañaron el proceso de paz de La Habana y la misma ONU enciendan las alarmas y vigilen de cerca el proceso electoral en Colombia y ante un triunfo de Duque o de Vargas Lleras, establezcan los mecanismos para monitorear de cerca las decisiones  políticas que adopten quienes claramente buscarán regresar al país a los años de la barbarie, la entronización del ethos mafioso y la consolidación de un modelo económico y político que agranda la brecha entre ricos y pobres.

En materia ambiental, el Estado colombiano asumió compromisos ambientales por ser un país biodiverso. Y es claro que entre 2002-2010 las licencias mineras crecieron exponencialmente. Debe el mundo reconocer que Colombia no tiene la institucionalidad ambiental suficiente para enfrentar actividades extractivas y los proyectos minero-energéticos agenciados tanto por Uribe, como por Santos. Muy seguramente, los conflictos socio ambientales crecerán y con éstos, los problemas de orden público y el malestar social que ya se respira en zonas en donde hacen presencia multinacionales que Uribe benefició con la entrega de licencias exprés.

Así las cosas, es urgente que los colombianos analicen muy bien los discursos de los candidatos presidenciales y tomen la decisión de votar, basados en la comprensión de sus proyectos y no llevados por los miedos y las verdades a medias que circulan en las redes sociales y en los medios[15] masivos. Quizás baste con dedicar unos minutos a leer y a interpretar, así sea con la ayuda de un vecino que tenga mejores criterios e información. Lo que nos jugamos el 27 de mayo no es un asunto menor. Tenemos la oportunidad de cambiar la historia.

Adenda: desde esta tribuna, y dado el escenario de crispación ideológica, invito a votar por Humberto de la Calle Lombana[16] en primera vuelta. 




Imagen tomada de la revista Semana.com



[3] Véase la entrevista que concedió Pepe Mujica a la periodista Claudia Palacios: https://www.youtube.com/watch?v=tuOjL5Zjx4M

[7] Públicamente ofreció presentar su declaración de renta, como un acto de transparencia. Esta fue presentada al entonces Procurador General de la Nación, el impúdico Alejandro Ordóñez Maldonado, que jamás la hizo pública, porque no era de su competencia ni recibir, ni de exhibir el contenido de dicho documento.


viernes, 23 de marzo de 2018

A PROPÓSITO DE LA CAÍDA DE PPK


Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Con la esperada renuncia del Presidente del Perú, conocido como PPK, se desatan cuestionamientos y comentarios que bien se pueden recoger en esta pregunta: ¿cuándo será que en Colombia sucede lo mismo? El interrogante es válido en la medida en que la corrupción público-privada y las prácticas abusivas son connaturales al ejercicio del Poder, en particular en América Latina, sin que ello sea exclusivo de quienes viven en esta parte del mundo. Por el contrario, es propio de la condición humana abusar tanto de los demás, como de la Naturaleza.

Eso sí, con el caso de PPK suceden dos asuntos problemáticos: el primero, que  al tratar de “universalizar” la renuncia de Kuczynski, se cree que este hecho político debería de servir de ejemplo para una sociedad como la colombiana que tiene una relación conflictiva con el poder presidencial, en el sentido en que de un lado, hay quienes pueden llegar a admirar tanto a un Presidente, que sus admiradores, muchos “ciegos y sordos”, dejan de lado los errores y hasta los crímenes cometidos o por lo menos, los endilgados por jueces y por grupos de ciudadanos; y del otro lado, hay quienes reconocen a los jefes de Estado y de Gobierno, como simples eslabones de unas muy bien tejidas formas y redes de corrupción, sostenidas por ricos y poderosos empresarios, hecho político y cultural que les impide, por ejemplo, participar de jornadas electorales porque no importa a quién se elija como Presidente, porque  “todos son lo mismo”.

Lo cierto es que lo acontecido con Pedro Pablo Kuczynski tiene unas particularidades políticas, culturales y sociales que pertenecen exclusivamente a los peruanos o por lo menos, a esa parte de la sociedad inca que participa de su vida política. Esta circunstancia es suficiente para invalidar la pretensión de convertir lo acontecido con PPK en una suerte de “caso jurisprudencial” aplicable al complejo contexto cultural y político colombiano. Sin embargo, la renuncia del mandatario peruano, sea de manera directa por el caso de corrupción patrocinado por la multinacional Odebrecht o por la entrega de dineros a parlamentarios, si puede servirnos para reflexionar en torno a las maneras como la sociedad colombiana y el propio régimen protegen a quienes han manejado los destinos del país desde la Casa de Nariño.

Así entonces, inicio esta reflexión con una tesis explicativa de lo que podría estar sucediendo en Colombia, en particular con la (im) posibilidad de procesar, juzgar y condenar, si es el caso, a quienes hayan ejercido la Presidencia[1]: “La estabilidad del Régimen colombiano está garantizada por la fortaleza de las redes de corrupción público-privada y por el liderazgo de sus agentes más visibles. Por eso, será muy difícil procesar y condenar Presidentes y ex Presidentes”.

Cada sociedad genera sus propios problemas y las soluciones a los mismos, o simplemente, expone las maneras más o menos consensuadas con las que sus miembros logran “lidiar” con las salidas planteadas a las dificultades, problemas o conflictos, y por supuesto, con la inacción ante asuntos que al considerarse problemáticos, esa misma sociedad determina no hacer nada y continuar para evitarse mayores traumatismos.

En la posibilidad, lejana o no, de procesar Presidentes o ex presidentes en Colombia, hay que advertir varios hechos que, convertidos en “inapelables verdades”, impiden que social, política y jurídicamente se pueda investigar a quienes hayan fungido como Jefes de Estado. El primer hecho tiene que ver con que “somos la democracia más antigua de América Latina” y por esa vía, exhibimos “la mayor estabilidad económica y política”. Al hacer parte de discursos de todo tipo, estas dos circunstancias históricas, harían proclives a los colombianos a dejar pasar todo tipo de irregularidades, delitos o abusos de poder cometidos desde la instancia presidencial. Es decir, el grueso de la sociedad colombiana preferiría la estabilidad, a las dificultades que podría generar procesar, juzgar y condenar a quienes hayan orientado el país desde el poder presidencial.

El segundo hecho tiene que ver con el sinuoso camino  jurídico-político que se debe recorrer y surtir para poder procesar a quienes ejercen la presidencia o la hayan ejercido. Ahora bien, ese difícil y complejo proceso tiene un profundo anclaje cultural que bien puede servir para caracterizar por lo menos a una buena parte de la sociedad colombiana. Y ese anclaje se logra por el ethos mafioso que guía tanto la vida pública como la privada de jueces, ciudadanos del común, empresarios, banqueros y políticos profesionales que depositan en el poder presidencial no solo simpatías ideológicas, sino sus propias aspiraciones en el sentido en que esperan que ese nuevo mandatario no solo mantenga y extienda, si es el caso, particulares y sectoriales privilegios, sino que haga todo lo que esté a su alcance para mantener la estabilidad del Régimen.

Es decir, en Colombia los Presidentes no se eligen para hacer grandes transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales, sino para mantener la tradición y las circunstancias en las que operan la sociedad, el Estado y el mercado. Al saber el grueso de los colombianos que no habrá grandes cambios en las maneras como opera y se manifiesta el Poder, esa circunstancia terminaría por invalidar cualquier iniciativa de cambio.

Lo anterior da vida a la inacción y al dejar pasar, como formas de respuesta a los conflictos, problemas, a los abusos del poder y a las prácticas corruptas sucedidas en Colombia. Lo acontecido con PPK en el Perú guarda estrecha relación con nuestro país, dado que Odebrecht también operó con su ethos mafioso y logró permear a una parte de la clase política e incluso, salpicó las campañas presidenciales de los candidatos Óscar Iván Zuluaga, del Centro Democrático y la de Juan Manuel Santos. De igual manera, en las relaciones aviesas establecidas históricamente entre el Ejecutivo y el Legislativo, tanto el hoy ex presidente peruano, como todos los mandatarios colombianos, comparten la misma práctica mafiosa y dolosa.

Que Kuczynski haya renunciado, bien por el caso de Odebrecht, por el cual el Congreso lo habría cuestionado, sin imponer sanción política alguna, o por la entrega de dineros a los congresistas (los famosos auxilios parlamentarios en Colombia y las  partidas para inversiones regionales), expone claras diferencias con el Régimen colombiano. Acá, el Establecimiento opera bajo otras circunstancias en las que el silencio, la costumbre, el cambiar para que todo siga igual, la estabilidad por encima de todo, la tradición y un incontrovertible ethos mafioso, son frases que recogen muy bien el talante de la sociedad colombiana en su conjunto y por supuesto, el de su clase dirigente (empresarial y política). Esta realidad hace posible que nuestros presidentes y ex presidentes continúen sus vidas tranquilas porque más que estar protegidos por el fuero propio de la "dignidad presidencial", están salvaguardados culturalmente.





sábado, 17 de marzo de 2018

Las fòrmulas vice presidenciales




Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo 


En medio de una campaña presidencial en la que confluyen la esperanza de cambio, pero también el miedo y la negación de los graves problemas que arrastra la Nación, las fórmulas vice presidenciales entran a jugar un papel fundamental no solo para consolidar ideas y proyectos políticos, sino para que los candidatos presidenciales envíen mensajes de todo tipo a sectores de poder económico, político, social y a la opinión pública en general.

Ejemplos de lo anterior lo expresan con innegable claridad las figuras vice presidenciales escogidas, recientemente, por Gustavo Petro y Germán Vargas Lleras. Se trata, para el primer caso, de Ángela Robledo, quien acompañará al ex alcalde de la capital del país en su carrera por llegar a la Casa de Nariño, y para el segundo caso, la elección de Juan Carlos Pinzón, quien fungía, hasta hace pocos días, como candidato presidencial, eso sì, sin mayor fuerza electoral.  

Se suman al ya evidente escenario del “cálculo político”, las fórmulas vice presidenciales elegidas por los candidatos Iván Duque, del Centro Democrático y de la llamada Coalición de la Derecha y la Ultraderecha, Martha Lucía Ramírez; y de tiempo atrás, la elección de Claudia López Hernández, como acompañante del candidato Sergio Fajardo; y el caso de Clara López Obregón, como la aspirante a ocupar la vice presidencia en un eventual triunfo del candidato del Partido Liberal, Humberto de la Calle Lombana.

Este documento es un intento por descifrar los mensajes que quieren enviar los señalados candidatos presidenciales y por analizar los significados políticos de las decisiones adoptadas por las diferentes campañas.

Inicio con la fórmula vice presidencial de Petro Urrego. Con la elección de Ángela Robledo, Gustavo Francisco Petro quiere mandar un mensaje de tranquilidad a los sectores políticos, sociales y económicos que desde ya advierten prevenciones y miedos por el proyecto de país que tiene en mente ejecutar el ex alcalde de Bogotá en caso de llegar a ocupar el Solio de Bolívar. 

El hecho de que la señora Robledo venga de la Academia y haya trabajado en el llamado tercer sector, constituye un plus para la campaña de Petro, etiquetada por la derecha y la Gran Prensa afecta, en los marcos ideológicos del “populismo” y del inexistente fantasma del “Castrochavismo”[1].

Además, su origen manizalita puede jugar a favor de la campaña presidencial de la Colombia Humana, por cuanto la votación[2] alcanzada por Iván Duque Márquez, en la pasada consulta de la derecha y la ultraderecha, fue importante en el Eje Cafetero. En particular, en Manizales, lugar de nacimiento de Ángela Robledo, el ungido del ganadero, caballista, latifundista y ex presidente, Álvaro Uribe Vélez, obtuvo una importante votación.

De igual manera, con la elección de Robledo, Petro golpea a la Alianza Verde y pone de presente su negativa ante cualquier intento de acercamiento con esa colectividad. Queda claro que "los verdes" pierden a una buena política y ficha en el Congreso de la República. 
Robledo, entonces, fungirá como pararrayos ante las arremetidas de las empresas mediáticas que ya optaron por apoyar a los candidatos del Establecimiento. Por ejemplo, Noticias Caracol apoya a Vargas Lleras; en cuanto al Noticiero RCN, editorial y periodísticamente apoyan a Iván Duque, al igual que el informativo radial la FM; entre tanto, el noticiero CM& está con el candidato que proclamó Uribe Vélez como “su sucesor”, en su clara intención de recuperar el “poder real” del Estado, poniendo a Duque Márquez como SU presidente.

Ahora miremos el caso de la elección de Vargas Lleras. Con el nombramiento de Pinzón, el ex ministro de Santos manda un mensaje de solidaridad, admiración y respeto al mundo castrense, en particular al sector de las fuerzas armadas que no acompañaron el proceso de paz de La Habana, y mucho menos apoyan hoy la mesa de negociación de Quito (Ecuador).

Vargas Lleras y Pinzón confluyen en una sola idea: reversar, hasta donde sea posible, el proceso de implementación del Acuerdo Final (II). A pesar del “blindaje” de la Corte Constitucional, con las curules alcanzadas en la Cámara de Representantes, esta pareja de ex funcionarios del gobierno de Santos buscará torpedear el ya difícil proceso de implementación de lo que acordaron el Estado Colombiano y la entonces guerrilla de las Farc.

No podemos olvidar las cercanías ideológicas, familiares y las simpatías que tanto Vargas Lleras y Juan Carlos Pinzón tienen y exhiben hacia las fuerzas militares, en particular hacia el Ejército. De hecho, Germán Vargas es oficial de la Reserva[3] y Pinzón es hijo y nieto de militares. Estas circunstancias cobran relevancia ante el crecimiento militar del ELN y la presencia de las disidencias de las antiguas Farc. Esta situación muy seguramente servirá para que los dos exfuncionarios de Juan Manuel Santos Calderón brinden todo el apoyo político y económico a ese sector castrense que “extraña” la guerra y, sobre todo, busca extender la doctrina de seguridad nacional y con esta, justificar la persecución a ciudadanos de izquierda y miembros de movimientos sociales con vocación de poder, vistos dentro de lo que se conoce como “extensiones objetivas del enemigo interno”. 

Pinzón y Vargas Lleras saben que en la gran familia castrense hay una fuerza electoral importante, a la que estarían dispuestos a cautivar, enviando mensajes de solidaridad y de recuperación de la dignidad “mancillada” por Santos al negociar el fin del conflicto con las ya desaparecidas Farc-EP.

Ahora revisemos el caso de quien será la fórmula vice presidencial de Iván Duque, la conservadora Martha Lucía Ramírez. Obligado por la votación alcanzada por su contendora en la consulta del 11 de marzo, Ramírez es la ficha de Pastrana y única opción que tiene el ex presidente conservador de mantener algo de liderazgo, al hacer parte del Gobierno del joven, ingenuo e inexperto, Iván Duque Márquez.

La ex candidata presidencial y ex ministra de Defensa de Álvaro Uribe Vélez, recoge las aspiraciones de aquellos políticos que, como Andrés Pastrana, hacen ingentes esfuerzos por mantener la vigencia de un Partido Conservador que, a pesar de su condición insepulta, respira por las cuotas burocráticas que logra arañar en cada campaña electoral.

Las campañas de Vargas Lleras-Pinzón y Duque-Ramírez, coinciden en la idea de frenar el proceso de implementación del acuerdo de paz. Recientemente, el joven Duque señaló que modificará cuantas veces sea necesario lo acordado en La Habana.

En lo que respecta a Claudia López Hernández, fórmula vice presidencial de Sergio Fajardo, hay que decir que el ex gobernador de Antioquia ganó una aguerrida política, a quien el país le reconoce el haber confrontado a Uribe Vélez por sus vínculos con el paramilitarismo. Eso sì, el carácter fuerte de la ex senadora de la Alianza Verde contrasta con la tibia personalidad de Fajardo, a quien una parte del país le reclama que no ofrece posturas claras y definidas en torno a temas y asuntos que exigen, justamente, la toma de partido y obligan a rechazar actitudes ambivalentes.

Recientemente, López Hernández anda muy activa en las redes sociales atacando las ideas de Gustavo Petro y sus afinidades[4] con eso que se conoce como el “socialismo del siglo XXI”, en particular en torno a posibles viejas simpatías con Hugo Rafael Chávez Frías[5] y Nicolás Maduro Moros[6].

Y termino con la elección de Clara López como acompañante de Humberto de la Calle Lombana, en su aspiración por llegar a la Casa de Nariño. Se trata de una invitación de claro “cálculo político” por parte del candidato presidencial del fragmentado Partido Liberal, en cabeza del errático César Gaviria Trujillo. 

Llamar a la ex alcaldesa de Bogotá tuvo la intención de buscar el apoyo del viejo establecimiento capitalino. En ese sentido, López Obregón es poco lo que le puede aportar a De la Calle en su aspiración. Mientras que hoy las vice presidenciables de Fajardo y Petro se enfrentan en las redes sociales, el silencio, casi sepulcral de la elegida por el ex jefe negociador del Gobierno en La Habana, le resta protagonismo a una campaña que poco a poco pierde fuerza y presencia mediática.

Importante destacar la presencia de cuatro mujeres como fórmulas vice presidenciales, hecho que no puede verse y entenderse como un cambio en las lógicas del poder masculino. Por el contrario, es evidente que, en todas las campañas, las decisiones adoptadas obedecen a acciones propias de un claro “cálculo político”, con el que se busca, entre otros asuntos, ocultar las prácticas de dominación, exclusión y la misoginia, en el marco de una sociedad goda y machista que violenta de disímiles formas a la Mujer.





martes, 13 de marzo de 2018

Duque: ¿el regreso de Uribe?



Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Iván Duque Márquez representa la más cercana posibilidad de que se dé el regreso[1] de Álvaro Uribe Vélez a la Presidencia. Al intento de la segunda reelección inmediata, frenada a tiempo por la Corte Constitucional con sentencia negativa del entonces magistrado Humberto Sierra Porto, se suma el apoyo que brindó a Juan Manuel Santos, quien al final se hizo elegir Presidente bajo la sombra de la política de la Seguridad Democrática. Una vez logró su  objetivo de vida, Santos tomó distancia de la tesis negacionista que indicaba que “aquí no hay conflicto armado, sino amenaza terrorista”. Por esa vía, reconoció la existencia del conflicto armado interno y a las víctimas producidas por los actores armados enfrentados.

Al sentirse “traicionado” por Santos, Uribe no pudo jugar a la sombra del Presidente de Colombia que ayudó a elegir. Ahora, ocho años después, el ex presidente, ganadero y latifundista espera poner como Presidente a Iván Duque Márquez, para manejar su agenda y tener así el control del poder, así sea en “cuerpo ajeno”. Recordemos que Uribe intentó poner en la Casa de Nariño a Zuluaga[2], pero no tampoco pudo, lo que lo obligó a aplazar su meta de regresar al poder del Estado.

Insisto en que en esta ocasión Uribe Vélez cree tener en Duque la oportunidad de regresar a la Casa de Nariño ( ¿o de Nari?). Ahora bien, sus defensores y otros, señalan que al fungir como Senador de la República para el periodo 2018-2022, el ex presidente antioqueño no tendrá tiempo para co-dirigir el país, de la mano de su ungido. Creo que el asunto no es de tiempo, sino de afán por recuperar el poder y con éste, el control del país, de sus negocios particulares y la ampliación de su riqueza.

Es posible que la agenda legislativa cope parte del tiempo del reelecto Senador, pero existen varias circunstancias y hechos que hacen pensar en que es posible que el regreso de Uribe a la Casa de Nariño se dé, en este caso, gracias a Iván Duque, el más opcionado candidato de la derecha y la ultraderecha para llegar al Solio de Bolívar. Tanto es así, que Vargas Lleras estaría pensando en adherir a la campaña del recién coronado candidato de la coalición de la derecha y la ultraderecha.

En primer lugar, su juventud (Vargas Lleras lo calificó de “pollo) y la inexperiencia en el manejo de cargos públicos, hace vulnerable a Duque ante el poder manipulador y las insinuaciones y recomendaciones (¿órdenes?) que de todas maneras le hará  -le dará-  el ex presidente y ganadero una vez Duque alcance la Presidencia. En segundo lugar, la inquebrantable lealtad que en varias ocasiones ha manifestado Iván Duque hacia el dueño del Centro Democrático, hacen pensar  que como Presidente de la República hará todo lo posible para agradecer y complacer a quien finalmente lo sacó del anonimato y lo llevó (llevaría) a ocupar la más alta dignidad del Estado colombiano.

Resulta políticamente inconveniente que el próximo Presidente de los colombianos sea dirigido  y reciba órdenes y recomendaciones de quien ocupa una curul en el Senado de la República. Ese hecho desdibujaría por completo su dignidad y haría de Duque el monigote con el que sueñan Uribe y sus áulicos.

Además, resultaría impresentable, vergonzoso y vergonzante  que en Colombia tengamos un Presidente cuya agenda política está atada a los intereses particulares y sectoriales de quien ya ocupó la primera magistratura de Colombia. Bastante tenemos ya que los Presidentes en Colombia sirvan, en mayor medida, a los intereses de los grandes ricos que patrocinaron sus costosas campañas.

Por lo anterior, en la actual coyuntura electoral el enfrentamiento político no está dado exclusivamente entre Duque y Petro. Por el contrario, detrás está la perenne aspiración de un desesperado y melancólico ex presidente, que completa más de ocho años,  viudo del Poder. Es claro que a Uribe y a sus áulicos no les es suficiente con ser Congresista y tener una bancada disciplinada y manejada con criterios y discursos propios de un  Capataz bravucón y montaraz.

Por todo lo anterior, los candidatos Humberto de la Calle, Sergio Fajardo y Gustavo Petro deben unirse no para enfrentar y derrotar en las urnas a Duque, sino para impedir que regrese Uribe Vélez al poder del Estado. Por aquí lo que está en juego es la ya relativa legitimidad del Régimen de poder y el buen nombre de los colombianos decentes que reconocen sin ambages, los daños que Uribe[3] le hizo y le hace aún a Colombia.



Imagen tomada de eldiariodelllano.com

lunes, 12 de marzo de 2018

Ethos mafioso, Paz Territorial y algo de esperanza


Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Después de la jornada electoral del 11 de marzo, son varias las reflexiones que se pueden hacer en torno a lo decidido y expresado a través del voto.

Los resultados electorales confirman que Colombia sigue siendo un país Godo y fuertemente atado a las formas tradicionales como se ejerce el derecho a votar. Es claro que las prácticas electorales y las decisiones políticas de millones de colombianos siguen atadas al ethos mafioso (clientelismo, entre otras manifestaciones) que guía la vida pública de caudillos como Álvaro Uribe Vélez[1] y Germán Vargas Lleras[2], cuya vigencia política se da gracias a la débil institucionalidad en los órganos judiciales y de control disciplinario en donde reposan disímiles investigaciones, entre ellas por paramilitarismo, que los comprometen de tiempo atrás.

El hecho de que el controvertido movimiento político,  Cambio Radical, cuyo líder natural es Germán Vargas Lleras, haya pasado de 9 curules en el Congreso, a 16, da cuenta del fuerte engranaje clientelar de una colectividad asociada a prácticas corruptas de gobernadores y alcaldes. Baste con nombrar lo sucedido en el departamento de La Guajira con el caso de Kiko Gómez para entender la dimensión de la corrupción y del maridaje entre Política y crimen.

De otro lado, las votaciones alcanzadas por Duque y Petro, en las mal llamadas consultas interpartidistas, dejan un claro derrotado: el Centro. Es decir, la polarización política entre la Izquierda, representada en la figura de Gustavo Petro[3], y la Derecha y la ultraderecha, representada en Iván Duque, se consolida y extenderá hasta el 27 de mayo, día en el que los colombianos elegiremos el sucesor de Juan Manuel Santos.

Los votos alcanzados por Petro Urrego en la consulta (2.845.173) señalan claramente dos caminos para los candidatos que dicen e insisten ubicarse en el Centro: Fajardo y De la Calle. El primer camino, es unirse y presentarse a la primera vuelta presidencial, con el firme objetivo de recoger el voto inteligente y de opinión de los cientos de miles colombianos que buscan alejarse de la polarización política que el país vive desde 2002 y que aspiran, con un grado inocultable de ingenuidad, apostarle a transformar las costumbres políticas no solo en la clase política, sino en los millones de ciudadanos empobrecidos social, económica y políticamente.

Presentarse de esa manera, abre la puerta a un enorme riesgo de que faciliten el triunfo de Duque (4.028.879 votos obtenidos), quien podría contar con los votos alcanzados por Martha Lucía Ramírez (1.535.738) y el impúdico y fanático religioso, Alejandro Ordóñez Maldonado (384.065). Es decir, hoy, una coalición Fajardo-De la Calle de poco serviría para intentar frenar el regreso de Uribe Vélez a la Casa de Nariño, así sea en el cuerpo de un manipulable e inexperto Iván Duque Márquez.  

Y el segundo camino, deponer egos y en bloque, unirse a Petro sobre la base de que el ex alcalde de Bogotá morigere su discurso y el talante mesiánico que por momentos expone y que puede crecer si cae en el error de sobre dimensionar el resultado obtenido este domingo 11 de marzo (al sumar los votos de Caicedo, esa parte de la izquierda alcanza apenas los 3.359.623 votos).

Por el lado de la Derecha, los votos alcanzados por Duque abren dos caminos: el primero, que se construye o está determinado por la confianza que el resultado electoral del domingo 11 de marzo le pueda dar, para presentarse a la primera vuelta presidencial, enfrentando a Vargas Lleras, su contendor en la misma orilla ideológica. El segundo camino sugiere invitar al jefe único del partido que aumentó sus curules en Senado (Cambio Radical pasó de 9 a 16), a lo que hay que sumar los 30 escaños que alcanza ese mismo partido en la Cámara de Representantes. Aquí las valoraciones que deben hacer ambas campañas giran en torno al débil carisma  y la imagen negativa de Vargas Lleras, si se compara con la figura de Duque que, a pesar de arrastrar el riesgo de permitir el regreso de Uribe Vélez al control del Estado, esta circunstancia parece  importar poco si se mira que el Centro Democrático (CD) aumentó sus curules en Cámara de Representantes  y perdería apenas una en el Senado.

Así entonces, eliminado el Centro como opción política y electoral, los candidatos Humberto de la Calle y  Sergio Fajardo están obligados a replantear sus campañas, de cara a enfrentar a una Derecha y ultraderecha fortalecida tanto por el triunfo de Duque en la consulta, el mantenimiento del poder político regional del Centro Democrático, así como por el aumento del poder clientelar de Vargas Lleras al interior del Congreso (2018-2022).

En riesgo la Paz Territorial

Al revisar la conformación del Senado y la Cámara de Representantes, el proceso de implementación del Acuerdo Final puede sufrir aún más reveses de los que ya sufrió en la pasada legislatura, a pesar de la existencia de la llamada Unidad Nacional que acompañó al Presidente durante la negociación en La Habana, pero que luego se fue fracturando, hasta llegar a que varios congresistas de la coalición de Gobierno dijeran no a las 16 curules para las víctimas del conflicto armado interno o que dejaran de participar en la decisiva votación, que finalmente se perdió por las acciones desarrolladas por el Centro Democrático en bloque y varios congresistas de Cambio Radical.

Las curules alcanzadas por Cambio Radical y Centro Democrático suman 65, a las que se podrían añadir las 21 del Partido Conservador, lo que daría 86, un guarismo que bien podría dar al traste con el objetivo de construir y consolidar la Paz Territorial[4], que no es otra cosa que asegurar la presencia legítima del Estado, generar condiciones económicas que generen riqueza y se construya una ciudadanía que asuma la vigilancia de la función pública, alejada del ethos mafioso que hoy impera en las relaciones entre los ciudadanos y las fuerzas políticas que hoy ejercen el poder político en varias regiones del país.

Las 35 curules del Partido Liberal estarían, en el papel, al servicio de la construcción y consolidación de esa paz territorial; se podrían agregar las 9 de la Alianza Verde y las cuatro que resultan de la suma de los escaños alcanzados por el Polo Democrático y el grupo de la Decencia que acompaña a Petro en su aspiración presidencial.

Ante la debilidad de los partidos políticos, la no existencia de disciplina al interior de las colectividades, y en particular, ante la fragmentación del Partido Liberal, el apoyo a la Paz Territorial quedará a merced de lo que cada Congresista decida hacer.

Si bien es cierto que la carrera hacia la Presidencia recién comenzó ayer 11 de marzo, las campañas y los candidatos no arrancan de cero. Por el contrario, la polarización política e ideológica seguirá presente y hará que la contienda electoral se torne difícil no solo por el talante de quienes lideran encuestas y llaman la atención de una prensa que insistirá en dividir al país, sino por lo que está en juego: lograr cambios sustanciales en las maneras como operan el Estado, la sociedad y el mercado, en aras de disminuir la pobreza, la exclusión y de ampliar la democracia.

Es probable que los asuntos relativos a la Paz Territorial y a la  implementación del Acuerdo Final continúen relegados como hasta el momento.  Todo dependerá del talante de una contienda electoral que muy seguramente ganará en pugnacidad, por el carácter y los egos de quienes participan, desde diversos intereses y funciones: Uribe, Duque, Petro y Vargas Lleras.

Muy seguramente Petro no insistirá en el tema de la implementación del Acuerdo Final. Y lo hará no solo porque su proyecto político no coincide con el de la Farc, sino porque el ex alcalde de Bogotá cree que los cambios y ajustes que propone al modelo económico y político terminarán aportando, de manera natural, a la consolidación de la Paz Territorial.

Sutiles cambios

A pesar de la fuerza que sigue demostrando la tradición, el ethos mafioso, la componenda como elemento clave de la ética ciudadana y las maquinarias electorales, hay razones para celebrar por la llegada al Congreso de ciudadanos respaldados por votos inteligentes, de opinión y sostenidos por viejas luchas por cambiar las lógicas del Establecimiento. El regreso de Aída Abella, antigua militante de la UP, el triunfo de María José Pizarro, hija del líder de la ADM-19, asesinado por el Establecimiento y la gran votación de Antanas Mockus, entre otros casos, dan un respiro y algo de esperanza de cambio ante la avasallante demostración del poder mafioso en las elecciones del 11 de marzo.

El país debe entender que los cambios culturales obedecen a procesos históricos que se pueden tornar lentos porque la inercia y la tradición hacen que las prácticas clientelistas y el ethos mafioso sean asumidos como una suerte de inamovibles y como obstáculos difíciles de solventar para una sociedad como la colombiana, cuyos miembros exhiben un bajo capital cultural.

Castrochavismo y el país entregado a las Farc

La participación en las consultas “interpartidistas” fue empujada y motivada en buena medida por el miedo a que “Colombia se convierta en la segunda Venezuela”. El fantasma del Castrochavismo[5] movilizó a la Derecha y a la ultraderecha que, unida en torno a los liderazgos de  Uribe y Vargas Lleras, votó a favor de Iván Duque para que sea él quien haga frente a semejante espectro que no deja dormir a cientos de millones de pobres que temen perder el único derecho que el Establecimiento les ha garantizado: vivir sin identidad, sometidos a la relación de dominación clientelar con la clase política y además, seguir alienados por una oferta televisiva que insiste en mostrarnos como una sociedad mafiosa. Por supuesto que hay otros cientos de miles de colombianos (contratistas) que de tiempo atrás sirven a los propósitos de una clase empresarial y política, que es la que sostiene a un oprobioso Establecimiento.

Con la exigua votación obtenida por las Farc, se desmorona aquella mentira que insistentemente alimentó la presencia del fantasma del Castrochavismo: “Santos le entregó el país a las Farc”. Obviamente, que la derecha, con el concurso de RCN y Caracol, y sus programas radiales, insistirán en la mentira para desvirtuar el proyecto político de Gustavo Petro.

Les corresponde a los líderes de la Farc revisar qué pasó en la jornada electoral del domingo. Eso sí, hay que destacar que participan por primera vez de una contienda política y que lo hacen dentro de la institucionalidad que tanto combatieron por largos 53 años. Serán minoría y seguirán siéndolo por mucho tiempo, hasta que las correlaciones de fuerza al interior del Régimen de poder sean modificadas.

Reflexión final

La participación de un poco más de 17 millones de colombianos en la jornada electoral mantiene en un alto guarismo la abstención, aunque se celebra que cerca de 3 millones de ciudadanos por primera vez se hicieron presentes en las urnas. Sin embargo, la desconfianza de más del 50% del electorado es un síntoma de los problemas que exhibe la democracia colombiana.

Lo sucedido con los tarjetones de las dos consultas que se agotaron, aunque es inaceptable y bochornoso, resulta comprensible en un Estado que exhibe una débil institucionalidad que se expresa a través de desidia y la falta de profesionalismo de los funcionarios públicos. Tanto la Registraduría Nacional del Estado Civil como  el Consejo Nacional Electoral no pueden garantizar total transparencia y equilibrio para las próximas elecciones del 27 de mayo.

Justamente, en esa débil institucionalidad se sostienen las aspiraciones de los miembros de los “partidos” Cambio Radical y Centro Democrático que harán parte del nuevo Congreso, en  particular los 65 miembros de estas dos colectividades que en sus regiones harán todo para impedir que se adopten las transformaciones institucionales que se acordaron en La Habana, Cuba.

Insisto entonces en que lo acontecido en la jornada del 11 de marzo de 2018 es la clara expresión de un Establecimiento que siente miedo por el proyecto político que de tiempo atrás viene dejando pelechar dentro de sus entrañas, por la incapacidad y la mezquindad de una élite política y empresarial cicatera y mafiosa que se hizo con el Estado para mantener y ampliar los privilegios de una clase ociosa, rentista y oligárquica.

Y cuando las élites sienten miedo, de inmediato el “doble Estado” se activa y las fuerzas oscuras entran en operación para eliminar a quienes insisten en arrebatarles el poder político. Y eso puede pasar en la campaña presidencial que acaba de arrancar. 



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