Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018

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2 asentamientos: Los Samanes del Cauca y Navarro, ubicados en el jarillón del río Cauca.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

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Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

lunes, 18 de junio de 2018

TRIUNFÒ EL VIEJO RÉGIMEN


Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

El triunfo, por demás esperado, de Iván Duque Márquez en la segunda vuelta presidencial, es la constatación de lo difícil que es y será derrotar al viejo Régimen de poder, cuando sobre este se cierne una real amenaza como lo fue la candidatura de Gustavo Francisco Petro Urrego. Es decir, Duque será el presidente de Colombia para el periodo 2018-2022, y durante esos cuatro años se irá formando y consolidando, si así lo decide y su talante se lo permite, ser el nuevo pararrayos del Establecimiento, ante el desgaste físico de quien ha venido cumpliendo con lujo de detalles esa función: Álvaro Uribe Vélez, su mentor y quien, a empellones, ya lo insertó en la historia política de Colombia.

Es importante revisar y tratar de explicar lo que pasó en una disputada campaña electoral, lo que se puede venir para el país y lo que podría suceder en cuatro años.

Los que ganaron

A pesar de que hoy Iván Duque es el presidente electo de Colombia, su victoria no puede asociarse en su totalidad a su talante[1], o a su poder de convencimiento, e incluso, a la coherencia de sus propuestas. No. Por el contrario, su triunfo está mayormente circunscrito al poder de las maquinarias políticas y de los sectores de poder militar, económico y político que se suscribieron a su campaña para defender los intereses de una clase empresarial y política que ya suma y exhibe un fuerte desgaste en un sector importante de la opinión pública, si se tienen en cuenta los 8 millones de votos que alcanzó su contradictor político, Gustavo Petro Urrego. Desgaste fruto de la corrupciòn y de su incapacidad para guiar a la Naciòn por los caminos de la modernidad. 

Por esa línea argumental, ganaron los expresidentes Uribe Vélez y Andrés Pastrana, el anulado exprocurador Alejandro Ordóñez Maldonado, el excandidato presidencial, Germán Vargas Lleras y Vivian Morales, entre otros. Es decir, triunfó la Derecha y la ultraderecha y por esa vía, los agentes del neoliberalismo y del proyecto neoconservador que lideran el latifundista y ex gobernador de Antioquia, la ex fiscal Morales y el ladino, Ordóñez Maldonado.

También hay que señalar como ganadores a las élites regionales y a las familias que de tiempo atrás capturaron el Estado y la función pública para consolidar un poder político y económico guiado por un sempiterno ethos mafioso que, a pesar de su visibilidad, parece invencible. Me refiero a clanes como los Char en Barranquilla y a otros que lideran procesos económicos y políticos en otras zonas del país.

Y a pesar de la derrota electoral, Gustavo Petro y lo que logra representar hoy para esos 8 millones de compatriotas que dieron su voto por el proyecto de la Colombia Humana, bien se pueden sentir ganadores siempre y cuando Petro logre liderar y consolidar una Oposición política, haciendo uso de las herramientas y de las garantías que hoy brinda el Estatuto de la Oposición.

Es posible, también, señalar como ganadores y perdedores, a los periodistas y empresas mediáticas reunidas en lo que se conoce como la Gran Prensa afecta al régimen de poder. Los noticieros de televisión y los magazines radiales de los canales RCN y Caracol hicieron la tarea y pusieron el periodismo al servicio de la candidatura de Iván Duque. Y lo hicieron no solo en los debates que se dieron en la primera vuelta, sino en las maneras como confrontaron a Petro en entrevistas que más parecían “encerronas” para generar animadversión en las audiencias, al tiempo que a Duque lo entrevistaban con tono zalamero y solidario. Supieron guardar silencio ante la decisión de la campaña del ungido de Uribe, de no debatir en la segunda vuelta. Este solo hecho, violatorio de la ley, no fue elevado al estatus de noticia. Lo redujeron en su dimensión democrática, legal y política.

Ganó la democracia formal, electoral y la institucionalidad asociada a ese tipo de democracia que funciona en Colombia. Sufrió derrota la “democracia radical”, de Chantal Mouffe, con la que Petro Urrego convenció a muchos de ser el camino para transformar al país.

Los perdedores

Sin duda, perdieron los medios de comunicación masiva afectos al Régimen de poder. Su pérdida de credibilidad va en aumento en sectores de opinión que poco a poco han comprendido que el papel de los periodistas vedettes[2] y de las estructuras informativas es generar estados de opinión favorables a los sectores de poder que los sostienen económicamente y que son, finalmente, los que les dicen a los periodistas qué y cómo y qué deben callar.

Sin duda, perdieron la Colombia Humana y los sectores de opinión y de poder político que se le sumaron tardíamente. En particular, los ciudadanos que acompañaron a Sergio Fajardo[3] y Claudia López, y que entendieron que votar en blanco expresaba incoherencia, cobardía, insensatez y sobre todo, comodidad con las formas tradicionales de hacer política en Colombia.

Lo que se viene

A pesar de que en la tarima desde donde habló Iván Duque en su calidad de presidente electo no estuvieron presentes su mentor, el caballista y ganadero Uribe Vélez, el ex presidente Pastrana Arango y los demás agentes de la Derecha y la ultraderecha, el candidato del Centro Democrático sabe que debe su elección y que por lo tanto, sus decisiones políticas y económicas estarán acordes al alto nivel de sujeción que caracteriza a un Presidente en Colombia, puesto allí por el Establecimiento, con el agravante de que detrás suyo  estarán los innobles intereses del ex gobernador de Antioquia.

Es posible que Duque pase sus cuatro años de gobierno dando cuenta de que sus decisiones no dependen de la injerencia de Uribe Vélez. Le pasará, guardando las proporciones, lo mismo que le sucedió a Samper Pizano, quien dedicó su periodo de gobierno a defenderse de las acusaciones que lo vinculaban con los narcotraficantes del Cartel de Cali. Eso sí, tanto Duque como el propio Samper en su momento, comparten un hecho cultural: la entronización del ethos mafioso que la sociedad colombiana en su conjunto continúa validando.

La derecha y la ultraderecha tendrán todo para consolidar el proyecto político y económico que está en marcha desde 2002, y que no es otro que el de profundizar conflictos socio ambientales, extender en el tiempo un proyecto de desarrollo insostenible y la Colombia desigual, excluyente y empobrecida que tanto beneficio electoral le genera a los candidatos a elección popular de esas orillas ideológicas. Y dada la debilidad[4] del Estado y los beneficios que esa condición trae a sectores de poder legal e ilegal, la Presidencia de Duque permitirá que el poder paramilitar se consolide en proyectos productivos asociados al gran latifundio y a la producción de agrocombustibles.

Que Juan Manuel Santos haya tomado distancia de Uribe en lo que concernía a las maneras de entender y dar solución al conflicto armado interno, no lo exime de la responsabilidad de haber seguido al pie de la letra el proyecto económico y político con el cual se hizo elegir presidente para el periodo 2010-2018.

Los errores

Al incontrastable poder y determinación de los agentes del Régimen de poder que se esforzaron al máximo para llevar a Duque a la presidencia, hay que sumar varios errores cometidos por Petro y por quienes al final lo acompañaron en la segunda vuelta.

El primer error lo cometieron el propio Petro, Fajardo, Claudia López y Jorge Enrique Robledo, quienes se trenzaron en una lucha de egos, lo que claramente benefició a la campaña de Duque. Al final, y en uso de un gran pragmatismo, adhirieron a esta, las estructuras y los líderes políticos de los partidos políticos Liberal, Conservador, Cambio Radical, de la U y Mira. Mismo pragmatismo que fueron incapaces de practicar Robledo, Claudia López, Fajardo y Petro.

El segundo error lo cometió Petro Urrego quien de manera imprudente habló de tocar los intereses de quienes ostentan grandes latifundios improductivos. Al final, en sectores de la opinión pública quedó el miedo de “convertirnos en una segunda Venezuela”[5] por aquello de que iba a “expropiar y a acabar con la propiedad privada”.  Por más que explicó sus tesis, ya la Gran Prensa le había hecho el daño, en particular en sectores poblacionales con poca capacidad de análisis y de comprensión de una realidad que parece poco interesar: la alta concentración de la tierra en pocas manos.

Lo que debería pasar

No hay duda en que los 8 millones de votos obtenidos por Petro representan un espaldarazo a las tesis y al proyecto de la Colombia Humana. La pregunta es: ¿qué hará con ese capital político? Y el interrogante no se responde con el anuncio de que liderará, desde su curul como congresista, a la nueva Oposición política.  No parece ser suficiente. Deben entender las fuerzas que acompañaron a la Colombia Humana, la urgente necesidad de conformar un nuevo partido político o de fortalecer el de la Colombia Humana, superando los egos y las luchas internas, para pensar en un partido de masas que para el 2019 acompañen las elecciones regionales.


Tendrán la tarea de formar cuadros, ganar alcaldías y gobernaciones y demostrar que el proyecto político y económico que defiende Petro es viable y soportado en la necesidad de lograr un tipo de desarrollo, sin que ello signifique acabar con el mercado e imponer un modelo estatista que en pocos años lleve a la debacle económica.





Imagen tomada de bluradio.com


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