Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018

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2 asentamientos: Los Samanes del Cauca y Navarro, ubicados en el jarillón del río Cauca.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

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Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

lunes, 7 de mayo de 2018

INDICADORES DE SOSTENIBILIDAD CULTURAL


Por Germán Ayala Osorio[1], estudiante Doctorado en Regiones Sostenibles

Las evaluaciones de actividades productivas suelen hacerse desde criterios e indicadores asociados a la Sostenibilidad Económica, que darían cuenta de la viabilidad del negocio o de la actividad económica, sopesando costos de operación, rentabilidad y utilidades dejadas al final de los procesos productivos; para el caso de la Sostenibilidad Ambiental, esta se asocia normalmente, a las externalidades negativas que una determinada actividad antrópica deja sobre los ecosistemas naturales, en términos de cambios biofísicos, calidad del agua, niveles de contaminación y la valoración de la capacidad de carga de los ecosistemas afectados. Y para cuando se desea medir los efectos, negativos y positivos, en socio ecosistemas, entonces los indicadores de la Sostenibilidad Social aparecen para calificar o para señalar cuán sostenible socialmente puede llegar a ser una señalada actividad humana. Y en esta última, aparecen indicadores como exclusión, calidad de vida y necesidades básicas insatisfechas, entre otros.

Por ese camino, los indicadores de las sostenibilidades económica, social y ambiental aparecen casi de manera natural cuando se trata de medir los impactos que dejan las actividades humanas dentro de un territorio, en particular cuando se evidencian procesos de transformación de ecosistemas y socio ecosistemas.

Existe, entonces, una suerte de cerramiento conceptual en torno a las perspectivas de la sostenibilidad, circunstancia que deja por fuera otros enfoques de la sostenibilidad. En una columna anterior propuse hablar de Sostenibilidad Cultural[2].  Y señalé que “el gran logro del sistema capitalista no está tanto en haber establecido valores de transacción  y condiciones de explotación de la Naturaleza y del mismo ser humano bajo esquemas de valor de uso y de cambio, sino en haber consolidado un proyecto cultural desde el que se justifican todas las acciones y decisiones conducentes a mantener el ya largo proceso de dominación y domesticación de la Naturaleza. Proyecto cultural que, en doble vía, hace insostenible el modelo económico vigente, y así mismo se hace insustentable como conjunto de valores y prácticas en las que confluyen diversas formas representacionales alrededor del lugar que el ser humano ocupa en el universo. Por ello, lo que hay que revisar a profundidad no son los modelos económico, social y político en sí mismos, sino el ethos que los sostiene y que en buena medida son emanados desde esas fuentes. Esto es, la base cultural en la que dichos modelos operan. Por lo anterior, propongo que se hable de sostenibilidad cultural, para advertir que con ella, el resto de perspectivas de la sostenibilidad podrán considerarse y hasta imponerse, pero no lograrán consolidarse hasta tanto no consideren lo cultural como un factor sustancial en las formas como se reproducen las prácticas y se toman las decisiones que hacen posible pensar en tipos de sostenibilidad que no pueden pensarse de manera desarticulada”.

Pues bien, ahora propongo los siguientes factores de medición de formas de Sostenibilidad Político-Cultural para el caso del monocultivo de la caña de azúcar[3], en particular, por la presencia hegemónica de esta gramínea en el Valle Geográfico del Río Cauca, en Colombia.

La Sostenibilidad Político-Cultural dará cuenta de las prácticas asociadas al ejercicio del poder político y el tipo de relaciones que se dan entre el Estado, la Sociedad y el Mercado (agentes de la Sociedad Civil), instaladas éstas en un marco cultural amplio en el que confluyen las ideas más o menos consensuadas alrededor de un proyecto de nación, consolidado o no, y por supuesto, a las representaciones sociales que en torno al cumplimiento de reglas, normas y leyes subsisten en un país como Colombia.

El primer factor dentro de lo que llamo la Sostenibilidad Político-Cultural tiene que ver con el tipo de relaciones dadas entre el Gremio azucarero y/o los ingenios, con el Estado en los ámbitos local, regional y nacional. Las relaciones políticas entre Asocaña y el Estado colombiano devienen históricas y mediadas por decisiones de política económica que subsidian la actividad agro industrial y la protegen, por ejemplo, de procesos de importación de azúcar[4] no considerados dentro de los intereses de los operadores integrados en el clúster del azúcar. Ese primer criterio o factor lo llamo Capacidad Institucional (CI). 

Con este criterio, se busca valorar y explicitar, justamente, la fuerza y el poder de los Estados locales, ante mandatos nacionales y decisiones de política económica que promueven acciones de yuxtaposición de intereses gremiales, fruto de transacciones políticas de alto nivel, fijadas, por ejemplo, por el gobierno nacional. Para el caso específico, la entrega de millonarios recursos para la construcción de pozos profundos, en el marco de la política Agro Ingreso Seguro (AIS), bien pudo tener impactos o implicaciones locales en municipios que hayan determinado acciones de control por el aprovechamiento de aguas subterráneas por parte de ingenios azucareros que necesitan del valioso líquido para regar grandes extensiones de caña de azúcar.

Dentro de la misma Sostenibilidad Cultural propongo un indicador de carácter estético con el que se busca establecer qué tipo de subjetividades y valoraciones estéticas hacen las comunidades u otros grupos humanos que viven cercadas por el monocultivo, o en sus inmediaciones. A este factor o indicador estético lo llamo Monotonía por Homogenización del Paisaje (MHP). 

Con este indicador es posible encontrar, dentro de las subjetividades de comunidades y grupos humanos que de manera permanente tienen contacto visual con hectáreas de caña de azúcar. Valorar el goce visual producido por el contacto diario con un monocultivo que expresa monotonía visual y estética, frente al goce visual que puede producir apreciar un bosque, sin que se exija a dicho ecosistema boscoso, condiciones prístinas, que supongan la negación de procesos históricos de intervención antrópica.  Y aquí resulta fundamental que quienes vayan a valorar y a contrastar las reacciones producidas al apreciar un sembrado de caña de azúcar o un ecosistema boscoso, tengan en cuenta que el primero responde a un enclave artificial, mientras que el segundo obedecería a una estructura con asimetrías naturales.

Dentro de la misma Sostenibilidad Cultural, es posible examinar la entronización de lo que bien podría llamarse la Cultura de la Sacarosa (CS), en asuntos como el consumo de novelas,  eventos feriales y celebraciones populares y tradicionales como el “Día de los Ahijados” y las nomenclaturas que aluden al dulce de la caña de azúcar y que han servido para llamar al Valle del Cauca como el “departamento dulce” de Colombia y también para nombrar a uno de los clubes del fútbol profesional, el Deportivo Cali, como “el equipo azucarero”.

Quizás, entonces, sea el momento de agrupar las sostenibilidades social, económica, política y ambiental, en una nomenclatura más amplia que no solo las contenga, sino que haga posible encontrar las conexiones necesarias que permitan explicitar la complejidad que conlleva hablar de Sostenibilidad.  






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