Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018

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2 asentamientos: Los Samanes del Cauca y Navarro, ubicados en el jarillón del río Cauca.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

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Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

martes, 29 de mayo de 2018

DEMOCRACIA SIN PARTIDOS



Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo


Asumidos los Partidos Políticos como una suerte de mediadores naturales entre el Estado y las demandas sentidas y públicamente expuestas por agentes de la sociedad civil,  estas colectividades requieren no solo estar en permanente conexión con esos grupos de poder, sino ofrecer y mantener la coherencia programática, política e ideológica que les permita cumplir a cabalidad con esa función de mediación. Función que tiene, en el diseño de políticas públicas, a un ejercicio práctico en el que es posible reconocer cuál es la visión de país y de Nación que tiene la dirigencia política.  A juzgar por el diseño e implementación de políticas públicas como Agro Ingreso Seguro, Familias en Acción, política minero energética y las de transporte masivo en ciudades capitales, está claro que la visión de país, de Estado y de nación de la clase política colombiana es pobre, ambientalmente insostenible, sectorial y mezquina.

Para el caso colombiano, y en particular, a partir de los resultados de la jornada electoral del 27 de mayo de 2018, es evidente que nuestros mediadores naturales devienen en una profunda crisis que se manifiesta en su incoherencia ideológica y profunda incapacidad  para erigirse como faros que iluminen los caminos de una democracia que, como la colombiana,  deviene formal, precaria, restringida y electoral; de igual manera, hoy los Partidos Políticos colombianos no sirven para guiar a quienes militan dentro de sus estructuras y por supuesto, a quienes desde la distancia siguen sus principios y pueden llegar en un momento dado a votar por los candidatos que reciben sus avales.

Lo acaecido con el candidato del Partido Liberal, Humberto de la Calle Lombana, no solo expone la conducta sinuosa de su director, el ex presidente César Gaviria Trujillo, sino la inexistente disciplina de los políticos profesionales liberales, que optaron por abandonar al candidato elegido en la consulta interna[1], con el claro objetivo de asegurar puestos y contratos, al migrar sus clientelas hacia las campañas de los candidatos  Iván Duque y Petro, entre otras. Hoy, la decisión tomada por Gaviria Trujillo de irse a las toldas del uribismo, deja en ruinas al Partido Liberal. 

La crisis que hoy afronta el Partido Liberal deja a esta colectividad en el mismo nivel del Partido Conservador: ambos comparten la misma condición de colectividades insepultas. Similar situación acontece por las huestes de las micro empresas electorales Cambio Radical y Partido de la U. Del primero, hay que decir que la migración de sus políticos hacia la campaña de Iván Duque Márquez  se explica por el inexistente carisma de Germán Vargas Lleras, quien fungió por largos años como su líder natural y propietario. Además, se suma a la debacle y a la indisciplina partidista al interior de esa agrupación, la decisión de Vargas Lleras[2] de presentarse por firmas, tratando de tomar distancia de los escándalos  por corrupción al interior de Cambio Radical y de escabullir a la responsabilidad que le corresponde asumir por la entrega de avales a políticos señalados de cometer toda suerte de crímenes. Al final, las maquinarias consolidadas por Vargas Lleras durante los 8 años en los que acompañó al Gobierno de Santos, terminaron jugando a favor del ungido de Uribe. En cuanto al Partido de la U, al no tener candidato, la dispersión de sus miembros estaba asegurada de tiempo atrás. En las últimas horas la dirección anunció que sus miembros quedan libres para acompañar a quien deseen. Lo más seguro es que terminen en la campaña de Duque. 

Después de esta primera vuelta presidencial, el gran ganador fue Uribe, quien con su micro empresa electoral, el Centro Democrático, logró sumar los intereses de cientos de congresistas que aportaron a la campaña de Duque clientelas (contratistas del Estado) y los votos de ciudadanos cooptados y constreñidos electoralmente. No hay que desconocer que hay aún en Colombia millones de colombianos que votan, disciplinada y conscientemente[3], por el que diga Uribe, asunto que no solo corrobora la debilidad de los Partidos Políticos, sino que coadyuva a la consolidación del caudillismo.

Aunque la crisis de los partidos políticos no es exclusiva de Colombia, la situación se torna más compleja en el país  y para su régimen democrático, por la baja cultura política y el bajo capital social de cientos de miles ciudadanos habilitados para votar. No podemos negar los altos índices de ignorancia de millones de colombianos que ejercen su derecho al voto, guiados por los resultados de las encuestas, por lo informado a través de medios de comunicación afectos a Uribe como el noticiero[4] RCN[5], o en el peor de los casos, por lo dicho, sugerido u  ordenado por su caudillo.

Por esa vía, el comportamiento electoral  del colombiano promedio se soporta en buena medida en decisiones no ancladas en  juiciosos análisis de las ventajas o desventajas de votar en torno a un determinado proyecto político. Es más, cientos de millones de colombianos no votan por proyectos políticos, sino por personas, por políticos carismáticos, por ungidos, como el caso de Duque, o por quienes ofrezcan prebendas, puestos y contratos.

Sin partidos políticos la democracia cojea y eso no se puede negar, pero un régimen democrático que cuenta con la participación de ciudadanos con bajo capital social y cultural, es un escenario propicio para que aparezcan caudillos y capataces que no solo pasan por encima de los partidos, sino que en momentos específicos terminan por llevar al régimen político a estadios proclives a la instauración de gobiernos de mano dura que suelen terminar en dictaduras o en régimen populistas. Claro ejemplo de lo anterior fue Uribe, quien mandó- no gobernó- durante 8 años. Y ahora, pretende regresar en las "carnitas y huesitos" de Iván Duque Márquez.

Uribe y Petro, dos caudillos

El paso de Duque y Petro a la segunda vuelta presidencial  es un hecho político que confirma la debilidad de los partidos políticos tradicionales y el afianzamiento de micro empresas electorales de reciente conformación como el CD. Se suma a lo anterior, la consolidación del caudillismo en cabeza del caballista-latifundista-ganadero, Álvaro Uribe Vélez y en el propio candidato presidencial, Gustavo Petro Urrego. Claramente, los dos representan dos tipos de populismos, que se diferencian por el modelo económico en el cada uno cree. Uribe cree profundamente en el modelo neoliberal, mientras que Petro puede apuntar a la construcción de una social democracia, aunque muchos lo ven cercano al modelo estatista venezolano.

Duque no tiene el talante de caudillo que si tienen Uribe y Petro, por cuanto su presencia como candidato presidencial obedece, exclusivamente, a una decisión tomada y orientada por el propietario y líder natural del CD. Es decir, si se da su elección como Presidente de Colombia (2018-2022), esta se daría en buena medida por la confluencia de intereses de un sector del Establecimiento que acompaña de tiempo atrás a Uribe, a los propios sectores cristianos; a los expuestos por militares y agentes de la sociedad civil que se beneficiaron de la forma como Uribe[6] entendió las relaciones entre los sectores público y privado entre el 2002 y el 2010. Es decir, con Duque el voto de opinión es prácticamente insignificante.

Lo contrario sucede con Petro, quien a pesar de ser un caudillo que desafía al Establecimiento, arrastra votos de opinión, esto es, aquellos no asociados al establecimiento por la vía de componendas  y al intercambio de favores por votos. Es más, Petro, por su origen social y político, despierta toda suerte de emociones y esperanzas en quienes al estar cansados de un generalizado estado de cosas inconstitucional (ECI), votarán por él no por reconocer en éste a un caudillo, sino porque guardan la esperanza de que pueda revertir esas circunstancias contextuales que le restan legitimidad al Estado y tienen  a millones de nacionales sumidos en condiciones de vida indignas.

Así entonces, en el actual escenario político-electoral colombiano es fácil identificar un claro enfrentamiento entre un caudillo que quiere ser Presidente por primera vez y otro que busca regresar a la Casa de Nariño, en el cuerpo de su ungido.

Justamente, en la posibilidad de que Uribe[7] regrese al poder político están los problemas que afronta en estos momentos la democracia colombiana. En primer lugar, porque persisten proyectos políticos de corte mesiánico que poco contribuyen a la consolidación de los partidos políticos. Por el contrario, el comportamiento mesiánico de Uribe y Petro hunden en general a sus propias empresas electorales y a los demás partidos, en el más profundo sin sentido filosófico y  programático hasta convertirlos en sedes de campaña y estructuras logísticas para mover clientelas y agitar las banderas de proyectos políticos de corte individual.

Peor resulta el panorama, cuando avezados políticos aplauden a rabiar al caudillo antioqueño, debilitando la Política y los ejercicios de  discusión y el diálogo que son constitutivos y connaturales a la acción política de buscar guiar los destinos del Estado colombiano.


Adenda 1: Votar por Petro significa rechazar un proyecto ético-político que sirvió para entronizar el Todo Vale y el ethos mafioso. El reto hoy es proscribir esas vergonzantes conductas que se naturalizaron entre el 2002 y el 2010.

Adenda 2: resulta vergonzoso que Colombia termine eligiendo como Presidente a quien le debe total obediencia a Uribe Vélez. Además, constituye un enorme riesgo que con un Congreso en su mayoría afecto a "la causa uribista", el país termine en una "dictadura civil". 





Imagen tomada de Semana.com


[3] No hay que descartar que dentro de los millones que votan por el que diga Uribe, existan ciudadanos que toman decisiones soportadas en la ignorancia y en la incapacidad cognitiva de hacer valoraciones en torno a los daños que Uribe le produjo al país en materia moral, ética, ambiental, económica, social y política.  Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com/2014/05/los-danos-que-uribe-velez-le-hizo.html


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