Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018

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2 asentamientos: Los Samanes del Cauca y Navarro, ubicados en el jarillón del río Cauca.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

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Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

jueves, 5 de abril de 2018

¿ES POSIBLE PONER LÌMITES?



Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

La discusión en torno a exigir y ponerle límites al desarrollo, en particular a las actividades minero-energéticas de corte extractivo a gran escala, a la especialización agrícola por la vía de la gran plantación con miras a producir agrocombustibles, y al crecimiento de las ciudades, entre otras, corre el riesgo de quedarse, poco a poco, en disquisiciones y diálogos discursivos que dan sustento a la Academia como espacio natural en donde suelen discutirse estos asuntos. Por ese camino, lo más probable es que esos dilemas poco trasciendan a la vida cotidiana y lo que puede ser peor, en nada logren modificar las lógicas de organismos como el Banco Mundial y sus agentes promotores en lo local, de eso que se conoce como el desarrollo, al que se le endilgan toda suerte de externalidades negativas y positivas.

El lenguaje y con este la generación de cultura, son facultades humanas ilimitadas, lo que claramente asegura que la discusión sobre el desarrollo, el desarrollo sostenible y recientemente, la perspectiva de la sostenibilidad (fuerte y débil), se tornen perennes, salvo que ocurra “algo” que impida a la especie humana, de un momento a otro, continuar  habitando  en el lenguaje y desde allí generar aquella plataforma desde donde defiende  y justifica su lugar en el mundo: la(s) cultura(s). La cultura, entonces, funge como el nicho ecológico que la especie humana proscribió, desde el preciso momento en el que tomó distancia de la Naturaleza.  

Con el discurso todo es posible. Desde crear países de cucaña a los que hizo referencia Estanislao Zuleta, hasta recrear escenarios apocalípticos en los que triunfa la maldad, la desidia, el caos y la soberbia de una especie tan inteligente, de la que es posible dudar que pueda ejercer control total (toma de conciencia) de su capacidad transformadora, domesticadora y destructora de los entornos naturales. Las afectaciones socio ambientales de las que hoy hacemos conciencia y a las que el Papa Francisco aludió y llamó la atención en su reciente encíclica, indican que la capacidad humana para someter y domesticar a la Naturaleza no parece tener límites y, por el contrario, al contar con la capacidad discursiva, se crean y se recrean discursos que simplemente validan actividades antrópicas que claramente aseguran la desaparición de especies animales y vegetales, sin que ello logre permear la conciencia colectiva.

Por ejemplo, a través de dicotomías como países ricos (desarrollados)- países pobres (subdesarrollados) suelen ocultarse circunstancias que comprometen la ética y la responsabilidad política tanto a los que lideran la implementación del paradigma dominante (el desarrollo), como aquellos que adhieren a dicha perspectiva de vida, sin comprender las realidades culturales que se asoman en sus propios países, sometidos a la frenética carrera de alcanzar el deseado desarrollo.

Al hablar de países en desarrollo o pobres, de manera clara y efectiva se ocultan o se logran hacer desvanecer las responsabilidades políticas y ambientales que deberían asumir las naciones ricas, poderosas y desarrolladas que lideran de tiempo atrás ese anhelo económico y civilizatorio moderno. Y del otro lado, las que deben asumir los líderes políticos de los países pobres y subdesarrollados que, en lugar de haber entrado en ese juego de intereses, hubiesen dedicado sus lugares privilegiados en el poder, para señalar que la condición de pobres y subdesarrollados se deriva de relaciones asimétricas con las que se aseguraron siglos de dominación y sometimiento económico, cultural y político. Y a partir de esa realidad contextual, haber promovido alternativas a ese único modelo y paradigma del Desarrollo.

En las discusiones sobre el desarrollo sostenible y la sostenibilidad (económica, política, social y ambiental) poco se ponen de presente asuntos que, altamente problematizados y problemáticos, puedan, quizás, lograr hacer ajustes sustanciales al modelo económico que le da sentido a la pretensión de alcanzar un máximo desarrollo.  Asuntos o temas como el crecimiento de las ciudades, la superpoblación, la disposición de fuentes de agua y en general, la conservación de ecosistemas estratégicos para la supervivencia del ser humano y de las otras especies, suelen quedar subsumidos por discursos grandilocuentes de organismos multilaterales que agencian procesos económicos que terminan por ponerle precio a la vida en todas sus manifestaciones.

Si ubicamos la discusión en lo que se conoce como Ciudades sostenibles, ese diálogo debe discurrir en torno a la planificación urbana, el control de la natalidad y a las migraciones, las políticas de uso del suelo y de vivienda, las finanzas y los modelos de gobierno.  Y por supuesto que deberá aludirse a los asentamientos informales, tan “normales” en países de América Latina; asentamientos ilegales, subnormales o de desarrollo humano incompleto que son la clara muestra de los problemas de inclusión/exclusión que genera el capitalismo, los mismos que muchos dejan por fuera cuando asumen la sostenibilidad solo desde la perspectiva económica.

En el crecimiento de las ciudades y en la consolidación de la urbanización como norte civilizatorio moderno, la ONU promueve programas como Habitat con los que se consolida la ciudad como el mejor referente de lo que se puede llamar el mayor triunfo del ser humano sobre la Naturaleza. Y de esa manera, las ciudades van corriendo sus propias cercas, y terminan acorralando lo rural, visto aún como lo atrasado, lo incivilizado y lo premoderno.

Estas disquisiciones apuntan a la necesidad de que el ser humano, y en particular, quienes habitan en Colombia y ejercen algún tipo de poder, hagan lo que sea necesario para poner la discusión, académica, ética y política, en torno a cuáles pueden ser los límites que de manera urgente hay que ponerle al crecimiento de ciudades capitales que no solo crecen y se desbordan, sino que se erigen como centros económicos, mientras que cientos de miles de sus ciudadanos deben encerrarse para vivir seguros, mientras que otros tantos miles, se cuelgan de laderas y jarillones, para sobrellevar allí las penurias de un sistema económico, político y social que los expulsa y los mantiene por fuera de los beneficios que dicen que promueve el desarrollo.

Adenda: en plena campaña electoral en Colombia, el candidato Iván Duque propone, de llegar a la Presidencia, continuar el modelo extractivo y el de la gran plantación que apoyó su jefe político, Álvaro Uribe Vélez, durante sus ocho años de gobierno (2002-2010). Uribe debilitó la institucionalidad ambiental y muy seguramente Duque hará lo mismo. 


Farallones de Cali, imagen tomada del diario Elpais.com.co

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