Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018

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2 asentamientos: Los Samanes del Cauca y Navarro, ubicados en el jarillón del río Cauca.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

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Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

domingo, 29 de abril de 2018

NOS ESTÀ QUEDANDO GRANDE CONSTRUIR PAZ


Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Debido al proceso de paz que adelantó el Gobierno de Santos con las Farc-Ep, y dadas las oportunidades que ofrecería un país “pacificado[1]”, sobre las riquezas de la Nación pusieron sus ojos multinacionales y empresarios de todo el mundo, interesados unos, en mantener o ampliar sus inversiones, y otros, en llegar por primera vez para aprovecharse de la debilidad del Estado, por la vía del ethos mafioso que se entronizó en las institucionalidades estatal y privada.  Pero también, pusieron sus ojos los Señores de la Guerra, que ven, con enorme preocupación, como la paz en Colombia les afecta el negocio no solo a empresas nacionales y extranjeras, fabricantes de armas, municiones, equipos de combate y pertrechos militares, sino al siempre sospechoso e interesado poder de agencias de los Estados Unidos como la CIA y la DEA. Por supuesto que en ese grupo de interesados hay que incluir a sectores de las Fuerzas Armadas colombianas, que durante años se han beneficiado de la guerra interna, gracias al manejo discrecional que del presupuesto militar asignado para combatir a las guerrillas han hecho durante màs de 50 años.

A los territorios dejados por las antiguas Farc no solo están llegando para tumbar el bosque, sino para fincar allí procesos de exploración y explotación de las riquezas del subsuelo y para adelantar proyectos productivos agro industriales (monocultivos y ganadería extensiva). Sobre estos y otros territorios, están puestos los intereses de agentes nacionales e internacionales que buscarán por todos los medios asegurar nuevos escenarios de confrontación armada, y con en el tiempo, permitir el crecimiento de grupos al margen de la ley que sirvan a sus propósitos. Dejar que las disidencias de las Farc crezcan hace parte de las apuestas y estrategias de aquellos agentes de Estado que podrían estar o no conectados con agencias y empresas internacionales que se lucran económicamente de la guerra.  

Cuentan no solo con los paramilitares que Uribe no desmovilizó o que “desmovilizó a medias”, sino con el concurso de Señores de la Guerra que muy seguramente están a la espera de la llegada a la Casa de Nariño, de Iván Duque o de Vargas Lleras, para poner a andar la estrategia de no dejar que Colombia alcance la anhelada paz en los territorios rurales, en donde sobreviven esos “ciudadanos incómodos” para el gran capital transnacional: Comunidades Negras, Campesinos y Pueblos Indígenas.

Al llamado de atención que hizo el candidato del fraccionado Partido Liberal, Humberto de la Calle Lombana, en el sentido en el que Duque, Uribe[2] y Vargas Lleras lideran la campaña para hacer trizas[3] el Acuerdo de Paz con las Farc, le faltó la dimensión internacional. Claro, De la Calle sabe que debe guardar prudencia ante poderes incontrastables que se mueven de manera paralela con la diplomacia y las relaciones económicas y políticas. Si De la Calle no lo sabe, por lo menos lo debe intuir. Sin embargo, su llamado a que el caso Santrich sea considerado como un asunto de Seguridad Nacional, constituye un avance en la forma de entender los intereses corporativos que se posan sobre Colombia; y muy seguramente, lo dicho por De la Calle, hará que sobre su campaña caigan sospechas de agencias como la DEA y la CIA.  

En rueda de prensa, De la Calle señaló: "Se están tirando la paz. Así, en castellano. Sin hipocresía. Se están tirando la paz. Primero, Uribe y Duque vienen construyendo un tejido de falacias y de odios que fueron conduciendo a buena parte de la población a la nostalgia de la guerraLa Corte Constitucional le abrió la puerta al Congreso para traicionar y entorpecer el Acuerdo. Al Centro Democrático se unió en esa tarea Cambio Radical, con el auspicio de las vacilaciones del doctor VargasLas Farc tampoco han dado el paso de mostrar empatía suficiente con los colombianos. Y al Gobierno le ha quedado grande la implementación[4]

El gran error político y militar que cometieron los sectores de la sociedad civil que apoyaron los diálogos de La Habana y el ya tortuoso proceso de implementación del Acuerdo Final II, radica en que no develaron las finas relaciones que existen entre los sectores del Establecimiento colombiano y las empresas, nacionales e internacionales, a los que de manera clara y evidente les afecta la construcción de la paz en Colombia.

Quizás hemos desestimado las finas relaciones comerciales que establecieron los Señores de la Guerra local, con organismos, empresas y agencias de los Estados Unidos, durante estos largos 50 años de guerra interna.
Tanto los trizadores, como los Señores de la Guerra, internos y externos, articulados a los intereses de  un conjunto de multinacionales con diversos objetos empresariales, comparten un objetivo: desalojar, desplazar y apropiarse de las tierras de esos “Ciudadanos Incómodos” para el mercado y la globalización económica. 

De no prosperar el proceso de implementación del Acuerdo Final II y de fracasar los diálogos de paz con el ELN, Colombia debe aprestarse al resurgimiento de un “nuevo” conflicto armado, esta vez, con los aprendizajes que dejaron los “errores” que cometieron las AUC, cuerpo armado que de disímiles maneras sirvió a los intereses de los Señores de la Guerra que en lo local estarán representados por Uribe, Duque y Vargas y en lo internacional, en las multinacionales que patrocinaron a las fuerzas paramilitares y que justificaron la injerencia de los Estados Unidos de agencias como la CIA y la DEA.

El llamado que hace De la Calle no se puede entender como un acto electoral, aunque se dé en esas circunstancias. Por el contrario, sus señalamientos deben servir para votar a conciencia este 27 de mayo, por aquellos candidatos que estén dispuestos, en primer lugar, a respetar lo acordado en La Habana, en segundo lugar, a reconocer lo que representan cultural, ética y socio ambientalmente los pueblos indígenas, negros y campesinos y en tercer lugar, a poner límites a la intromisión del Departamento de Estado, en particular, a controlar a la DEA y a la CIA.  De lo contrario, tendremos que reconocer ante nosotros mismos y el mundo, que nos quedó grande construir la paz.





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