Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018

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2 asentamientos: Los Samanes del Cauca y Navarro, ubicados en el jarillón del río Cauca.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

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Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

lunes, 16 de abril de 2018

LENGUAJE, SOSTENIBILIDAD Y POSTNATURALEZA


Por Germán Ayala Osorio, estudiante del Doctorado en Regiones Sostenibles[1]

Las discusiones sobre el desarrollo, el cambio climático y en general, las que se dan alrededor de los conflictos y problemas socio ambientales generados por la presencia incontrastable del ser humano en el planeta Tierra, están inexorablemente atravesadas por el lenguaje y los discursos que en pro y en contra circulan en torno a una especie humana que logró imponerse sobre la Naturaleza[2], hasta el punto de domesticarla y transformarla, exponiendo, tardíamente,  límites a esa particular forma de relacionamiento con el entorno natural.

Al pasar todo lo concerniente al ser humano y su lugar en el mundo natural (prístino y transformado) por el tamiz del discurso y el lenguaje como capacidad nominadora, afloran las ideologías y emerge el discurso del poder. Así entonces, la sostenibilidad, como nuevo discurso, es, a decir de James O’Connor, “una cuestión ideológica y política, antes que un problema ecológico y económico”[3].

El mismo O’Connor, al hacer uso de su potencial discursivo, señala que “el capitalismo tiende a la autodestrucción y a la crisis; la economía mundial crea una mayor cantidad de hambrientos, de pobres y de miserables; no se puede esperar que las masas de campesinos y trabajadores soporten la crisis indefinidamente y, como quiera que se defina la “sostenibilidad”, la naturaleza está siendo atacada en todas partes”[4].

Al exponer las contradicciones del llamado “capitalismo sostenible”, el citado autor ancla la discusión de la sostenibilidad en el único estadio en el que es posible discutir en torno a su sentido como categoría e incluso, como posibilidad real de poder cambiar el rumbo de una especie que, como la humana, ha desatado fuerzas incontrolables como las del mercado. Ese único estadio es la Política, enmarcada claro está, en la Cultura, vista como una esfera mucho más amplia y compleja.

Entre tanto, Tagliavani y Sabbatella exponen el problema del distanciamiento del ser humano de la Naturaleza. Y lo hacen de esta manera: “no es la unidad del hombre con la naturaleza lo que necesita explicación sino su separación. Esa separación es de carácter histórico y es la base sobre la que se asienta la relación capital-trabajo. El trabajador es separado de su <<cuerpo inorgánico>> al mismo tiempo que el producto de su trabajo se convierte en mercancía apropiada por el capitalista”.[5]

Antes de la relación capital-trabajo, y vista esta como circunstancia y factor que permitirá al ser humano o al Hombre tomar distancia, salir y abandonar los límites de la Naturaleza, está la capacidad que lo distingue de los otros animales: el Lenguaje. Con todo el potencial nominador y representacional, el lenguaje, visto por los seres humanos como su gran morada, no solo permitió justificar, validar y legitimar sus actividades y procesos de transformación, sometimiento y domesticación de los ecosistemas naturales, sino que fue recreando su particular “nicho ecológico” con el que el animal humano mantiene su distanciamiento de la Naturaleza: la Cultura. Nicho que, a juzgar por los efectos socio ambientales generados por la presencia incontrastable del ser humano y por actividades antrópicas ambiental y ecológicamente negativas para el mantenimiento de los equilibrios ecosistémicos, resulta ser hoy el eslabón más importante para pensar acciones y decisiones que coadyuven a mitigar los efectos negativos de un desarrollo económico que deviene profundamente insostenible.

Anclado al desarrollo lingüístico, con el concepto de propiedad privada el ser humano confirmó su alejamiento de ese mundo natural al que por siglos se mantuvo atado, al tiempo que justificaba y mejoraba los procesos de domesticación de una Naturaleza que siempre le resultó hostil al hacer conciencia de su debilidad física para soportar, por ejemplo, las “inclemencias” del clima y al enfrentarse a topografías agrestes y retadoras intelectualmente.

Con el lenguaje, el ser humano no solo ha creado y recreado mundos posibles, sino que ha logrado entregar responsabilidades a “entidades” sobre las cuales giran análisis y cuestionamientos sobre la presencia dominante del ser humano, al tiempo que facilitan miradas que de soslayo examinan una condición humana de la que se puede esperar lo más sublime, pero también lo más execrable. Ejemplo de ello constituye el Capital que, como extensión de lo humano, logra no solo ponerle precio a la vida, a los ecosistemas y a todo lo que sea susceptible de transacción y especulación financiera, sino evitar que éste se auto cuestione y entienda que los problemas de la sostenibilidad, fuerte o débil, pasan por la propia condición de lo humano, factor suficiente para intentar “superar” la discusión alrededor de modelos o alternativas al desarrollo que resultan más amables con el medio ambiente, que el hegemónico sistema capitalista, en su etapa neoliberal.

Por ese camino, lo hecho por el ser humano en el planeta no es más que un proyecto de vida paralelo al que inicialmente le ofreció la Naturaleza, sobre el que se sostiene el norte al que la actual civilización apunta: la postnaturaleza. Esto es, la creación de entornos artificiales y artificiosos que darán lugar a lo inhumano, en la perspectiva de Lyotard, como correlato de un desarrollo científico que ya se erige, junto al mercado, como una fuerza incontrolable.

Con el escenario de la postnaturaleza el ser humano logrará superar la angustia moral y ética que le generan aún los efectos de un desarrollo económico avasallante. De esa manera, tomará distancia definitiva de lo Natural -de lo que queda-, para entrar de manera irreversible en la búsqueda de un mundo artificial en el que pretende sobrevivir sin la angustia de tener que cuidar ecosistemas naturales, depositando de esa manera su firme confianza en el ingenio humano.

En la postnaturaleza, como escenario de una ciencia sin límites, serán otras las angustias para un ser humano que sabe que todo lo que haga podrá justificarlo, explicarlo y legitimarlo con el lenguaje, en un marco cultural propicio para el sostenimiento discursivo de todo lo que acontezca en ese estadio en el que el Hombre continuará buscando el sentido de su existencia.



Imagen tomada de: https://www.google.com.co/wikipedia.



[1] Universidad Autónoma de Occidente, Cali, Valle, Colombia.
[2] Decía Marx que la Naturaleza “es el cuerpo inorgánico del hombre, es decir, la naturaleza en cuanto no es ella misma el cuerpo humano. El hombre vive de la naturaleza; esto quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el que debe permanecer en un proceso continuo, a fin de no perecer. El hecho de que la vida física y espiritual del hombre depende de la naturaleza no significa otra cosa, sino que la naturaleza se relaciona consigo misma, ya que el hombre es una parte de la naturaleza (Marx, 2004: 112), citado por Tagliavani y Sabbatella. p. 4
[3] O’Connor, J. ¿Es posible el capitalismo sostenible? PDF sin mayores datos.
[4] O’Connor. p. 29
[5] Tagliavani, D. (2012). La expansión capitalista sobre la Tierra en todas las direcciones. Aportes del Marxismo Ecológico. p. 5.

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