Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018

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2 asentamientos: Los Samanes del Cauca y Navarro, ubicados en el jarillón del río Cauca.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.
Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

jueves, 25 de enero de 2018

Cultura Falo céntrica

El caso de violación del que reconoció haber sido víctima la periodista Claudia Morales, las reacciones y la ola de especulaciones que generó su columna de opinión, hay que anclarlas en una cultura falo céntrica como la colombiana, la misma que está inserta en un mundo masculinizado que, por siglos, ha podido no solo dominar y someter a la Mujer, sino a la Naturaleza.

Más allá de las especulaciones alrededor de la posibilidad, real o no, de que el violador, es decir, “Él”, sea el ex presidente Uribe Vélez, lo que hay que decir es que la periodista muy seguramente no midió los efectos que produciría su confesión,  el haber expuesto su caso y sobre todo, el exigir públicamente el derecho que tiene a guardar silencio en torno a los hechos y sobre todo, alrededor de la identidad del criminal que la violó.  El derecho al silencio al que apela la periodista tiene graves problemas en su reconocimiento y aplicabilidad a partir del momento en el que hizo públicos los hechos. Y es claro que en el discurso no hay lugar a la ingenuidad.

Los efectos de su columna son claros: en primer lugar, la comunicadora viene siendo re victimizada por los propios colegas periodistas que al saber el nombre del abusador sexual o sospechar, con un alto grado de certeza de la identidad del violador, se abstienen de llamarlo y confrontarlo, así como a los otros que fungieron en el pasado como jefes de Claudia Morales, para que se pronuncien sobre el hecho publicado. Por supuesto que eso incluye preguntarle de manera directa al senador Uribe, así se niegue a responder o eluda referirse al tema, dado que ahora mismo sobre Él recaen las sospechas no solo por las “pistas” que la propia periodista dio al señalar que se trata de una figura pública, poderosa, que genera miedo y terror y de constante aparición pública, sino por la tardía y el tono de la respuesta que brindó el operador político sobre el particular.

El caso de Claudia Morales no se agota en lo periodístico-noticioso. El periodismo colombiano está ante una única oportunidad de convertir lo sucedido en un asunto que, en clave cultural, permita que reflexionemos no solo alrededor de las prácticas del Poder, y de las actuaciones de los hombres poderosos, sino en torno al ejercicio mismo, en el sentido en que el violador de Claudia Morales, cualquiera que sea, muy seguramente gozó de la complacencia, relaciones melifluas y la zalamería de periodistas y empresas mediáticas; igualmente, tuvo que haber gozado y beneficiado de un entorno social, cultural y político igualmente complaciente.

No es suficiente con sacar algunas notas reproduciendo lo que pasa en las redes sociales. Los  colegas de Morales deben cerrar filas en torno a unos hechos que una sociedad solidaria y normal no puede dejar de lado, así haya de por medio el miedo de la periodista que fue violada y el posible exceso de respeto, admiración e incluso temor, hacia el principal señalado de haber cometido el acceso carnal violento. Estamos ante un evidente caso de auto censura porque  la figura comprometida por las especulaciones que circulan en las redes sociales,  hace parte de un Régimen de poder que hará todo lo que esté a su alcance para evitar que sus figuras y defensores sufran algún tipo de erosión en la positiva imagen que la misma Prensa coadyuvó a consolidar del hoy intocable senador de la República.

En segundo lugar, la andanada de insultos que circulan en las redes sociales, de hombres y mujeres, simpatizantes y áulicos del Senador sobre quien giran las sospechas y especulaciones, dan cuenta, con claridad, de que somos una sociedad que subvalora a las mujeres, en particular a las que se atreven a reconocer y denunciar que fueron violadas por hombres que saben que contarán con el respaldo de una sociedad que puso por encima de la decencia, el pudor y la ética, el acceso a como diera lugar al Poder político, a partir del Todo Vale. Por eso, una violación siempre será en Colombia un “mal menor”, un “error”, un "desliz", una "situación confusa" o un “impasse”.

Así entonces, el caso de Claudia Morales hay que ubicarlo y entenderlo en un marco cultural complejo, en el que sobresale una sociedad machista. Estamos inmersos en una cultura  falo céntrica que le permite a Machos con Poder, pensar que pueden acosar y violar mujeres, porque dichas prácticas hacen parte del viejo derecho de pernada. Y puede resultar así, porque en este país podemos encontrarnos con Hombres poderosos que piensan y actúan como si viviesen en señoríos feudales y que en su calidad de nobles, tienen el derecho  de pasar la primera noche («ius primae noctis») con específicas mujeres.


Adenda: como Hombre, persona y ciudadano siento vergüenza con Claudia Morales. Y sugiero cambiar el pronombre para seguir llamando al hombrecillo que la violó. No digamos Él, hablemos de Ese. 


Imagen tomada de lafm.com.co

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